Olvida por un momento el clásico helado de vainilla o el de chocolate de toda la vida. Hoy vamos a romper las reglas del postre con una combinación que suena a restaurante con estrella Michelin, pero que puedes marcarte en casa de forma supersencilla.
Hablamos de un helado de aceite de oliva virgen extra acompañado de unas fresas maceradas con un toque sutil de pimienta y el crujiente inconfundible de los pistachos. Sí, el aceite de oliva en el helado funciona, y de una manera espectacular: le aporta una textura sedosa y un sabor que te va a volar la cabeza.
Ingredientes para el éxito
Para la base del helado:
- 400 ml de leche entera
- 200 ml de nata para montar
- 80 g de azúcar
- 30 g de miel de azahar
- 70 ml de aceite de oliva virgen extra (AOVE)
- 3 yemas de huevo
- 1 pizca de sal
Para los acompañamientos y el emplatado:
- Fresas frescas
- Ralladura de lima
- Unas gotas de vinagre de Jerez
- Pimienta de 5 bayas
- Pistachos enteros
Paso a paso
1. Infusionar la base láctea
En un cazo, incorpora la leche, la nata, la mitad del azúcar y la pizca de sal. Lleva el cazo al fuego y calienta la mezcla hasta que empiece a humear, pero con cuidado de que no llegue a hervir. Retira del fuego.
2. Preparar las yemas y espesar
En un bol aparte, añade las yemas de huevo, el resto del azúcar y la miel de azahar. Bate enérgicamente con unas varillas durante 1 minuto completo hasta que la mezcla blanquee un poco.
A continuación, vierte el líquido caliente del cazo poco a poco sobre las yemas sin parar de remover (así evitaremos que el huevo se cocine de golpe). Devuelve toda la mezcla al cazo y caliéntala a fuego lento hasta que espese ligeramente, siempre vigilando que no hierva para que no se corte.
3. La magia de la emulsión
Fuera del fuego, llega el momento clave. Vierte el aceite de oliva virgen extra en un hilo fino mientras bates la crema con un turmix o batidora de mano. Esto creará una emulsión perfecta que le dará al helado una suntuosidad increíble.
Cuela la mezcla para asegurar una textura fina, pásala al vaso o recipiente de congelar y deja que se enfríe por completo antes de meterla al congelador. Una vez congelada, procésala en tu heladera hasta obtener la cremosidad deseada.
4. El toque fresco y crujiente
Mientras el helado hace su magia, lava y pica las fresas en dados pequeños. Alíñalas en un bol con la ralladura de lima, un toque de vinagre de Jerez y una buena pizca de pimienta de 5 bayas recién molida. Mezcla bien y déjalas macerar para que suelten sus jugos. Aparte, pica los pistachos groseramente.
El gran final, el emplatado
Busca una copa amplia o un cuenco bonito. Coloca una buena base de las fresas maceradas con su propio jugo. Encima, sirve una bola generosa de tu helado de aceite de oliva. Espolvorea los pistachos picados por encima para darle el toque crujiente y, justo antes de hundir la cuchara, remata con un hilo fino de aceite de oliva virgen extra crudo por encima.
El contraste entre el dulzor cremoso del helado, el punto ácido y picante de la fruta y el crujiente del fruto seco es, sencillamente, de otro planeta. ¡A disfrutar!
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